Lo que la Ley de propiedad intelectual permite que el usuario de software haga sin permiso y a lo mejor no sabias


Los programas de ordenador son obras susceptibles de protección mediante derechos de autor bajo la normativa de propiedad intelectual. De hecho, es uno de los tipos de obras específicamente nombrados en el artículo 10.1 de la Ley de Propiedad Intelectual cuando define, aunque sea de forma meramente enunciativa, las obras que son objeto de la misma. Por más que esto sea ya una realidad aceptada, el que este tipo de creaciones se protejan bajo el mismo cuerpo que otras como los libros, los cuadros o las canciones, no deja de resultar curioso. El objetivo esencial de las obras de propiedad intelectual es recrear. Se enfocan en la belleza, en el arte y en el disfrute de los sentidos. Sin embargo, sin desmerecer el virtuosismo que atesoran algunos programas de ordenador, lo cierto es que recrearse, poco puede recrearse uno con ellos (aunque para todo hay gustos y tampoco hay nada que reprochar a quien se deleita contemplando un programa de gestión de nóminas…)

Desde el punto de vista de la finalidad que persiguen, los programas de ordenador más tienen que ver con aquellas creaciones destinadas a resolver necesidades o problemas   – y  que se protegen mediante propiedad industrial, como es el caso de las patentes –  que con las obras de propiedad intelectual. De hecho, muchos componentes de tipo mecánico que antaño resolvían “necesidades industriales” (ruedas, motores, cintas, poleas, etc.) y se protegían (y protegen) mediante patentes y modelos de utilidad, han sido remplazados hoy por programas de ordenador. El software es el  “mecanismo” de la maquinaría de hoy en día y como tal, la protección por propiedad industrial resultaría más lógica.

 Aunque resulte paradójico por ser una “herramienta” el software se protege como las “obras de arte”  Tweet This

Esta naturaleza peculiar del software como obra sujeta a derechos de autor, tiene reflejo en la protección que la normativa de propiedad intelectual le dispensa. Entre otros aspectos, la Ley de Propiedad Intelectual regula y limita el “uso” del programa de ordenador, cosa que no ocurre con ninguna otra obra de propiedad intelectual Tweet This respecto de las cuales únicamente se regula la explotación  (reproducción, distribución, transformación o comunicación pública) y no el uso, que no es un acto de explotación ni forma parte de lo que el autor puede controlar. Por ejemplo, si una persona entra en una sala de cine sin pagar entrada y ve una película (es decir, la “usa”), no lesiona derecho de propiedad intelectual alguno. Comete otro acto reprochable, pero nada que ver con la propiedad intelectual.

Facultades del usuario de software (art. 100 TRLPI)

Las razones por las que se regula el “uso” de los programas de ordenador son dos:

  • Primero, en el hecho de que para usar software, es imprescindible reproducirlo, bien sea instalándolo, bien sea haciendo una copia temporal en cache en el caso del SaaS. Desde esta perspectiva, “usar” y “reproducir” son lo mismo y, por lo tanto, todo “uso” comporta indirectamente una explotación.
  • Segundo,  la naturaleza de “herramienta” del programa de ordenador. Como otras herramientas (Ej. motores, poleas, etc.) que requieren recambios, mantenimiento, revisiones, etc. para seguir utilizándose, el programa de ordenador debe evolucionar para poderse usar (Ej. mantenerse para reparar errores, implementar cambios legales, etc.). Ello no ocurre con las “clásicas” obras de arte que no se “utilizan” (a excepción, claro esta, de las obras de arte aplicadas donde el recreo y el uso son todo uno) si no que se disfrutan y ese disfrute es eterno. Ello explica que uno siga quedándose boquiabierto contemplando Las Meninas y no encuentre “uso” alguno a una “obra” mas moderna como MSDOS.  El cuadro sigue conservando toda su capacidad de recrear los sentidos, pero el sistema operativo ya no es capaz de “solucionar la necesidad” para que la fue concebido.

Continuando con las peculiarides de la regulación del software que contiene la normativa de propiedad intelectual y centrándonos en lo que nos ocupa ahora, el artículo 100 de la Ley de Propiedad Intelectual, contempla determinadas limitaciones a los derechos explotación del autor (u otro  titular titular de derechos), para permitir, precisamente, que el usuario legítimo del programa de ordenador (lo que seria un licenciatario bajo una licencia de uso) pueda llevar cabo determinadas actuaciones que, en el caso de otras obras, estarían sujetas a autorización. Todas estas actuaciones se permiten justamente por ser necesarias para que el programa se continúe “usando” en el tiempo y se adapte a los cambios, cosa que, como decimos, es esencial y algo peculiar de esta creación.

  En general, existe bastante desconocimiento sobre las facultades que tienen los usuarios de software y como regularlas en las licencias de uso.  Tweet This

Asesorando en el ámbito del software, observo que existe en muchos casos desconocimiento acerca de cuales son estas actuaciones y donde encuentran sus límites. Así, es frecuente encontrarse en negociaciones de licencias de uso donde el licenciatario exige que el licenciante le otorgue derechos de explotación para poder poder “mantener el programa directamente o a través de terceros”, desconociendo que en realidad, no requiere tal autoriazación. También es fácil encontrar licencias donde el licenciante impide “la ingeniería inversa” (o descompilación) cuando en realidad, esta facultad no se puede limitar por vía contractual.

Para aclarar esta cuestión he confeccionado esta “píldora” donde, tanto si eres usuario como si eres licenciante de software, encontrarás las claves para entender estas limitaciones y tenerlas en cuenta en tus transacciones.

¡Espero que la disfrutes y te sea útil!

¡Y no olvides que estas a un solo paso, de mantenerte al día en derecho de las TI, la protección de datos y la ciberseguridad!

 


 

 

 

 

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *